Agujeros negros. De la relatividad general a la información cuántica
Gastón Giribet
PREVENTA
>>Nota: este libro se encuentra en preventa hasta el 31/03 e implica que está en proceso de producción y por eso tiene un precio promocional (20% de descuento) ya que el libro físico aún no está. Llegará de imprenta y estará disponible desde la primema semana de abril, ya a su precio real. El precio indicado obtiene un 10% de descuento extra por pago vía transferencia.<<
El centro galáctico huele a frambuesas y ron. Nubes de formiato de etilo invaden los sentidos de nadie. En ese ambiente alambicado, donde nacen estrellas, anida un gigante. Se encuentra en la región del cielo que un asterismo heredado de formas arcaicas de mapear el firmamento nos invita a llamar Sagitario. Allí, en el corazón de la Vía Láctea, un agujero negro con la masa de cuatro millones de soles somete a sus estrellas vecinas condenándolas a la sisífica pena de orbitarlo. No las ilumina ni es iluminado. Su gravedad lo subsume en la invisibilidad más absoluta. En sus inmediaciones, el espacio se curva y el tiempo se ralentiza. Su interior se desconecta causalmente del universo exterior de forma tal que, en lo atinente a toda fenomenología externa, el agujero negro se constituye en la ausencia del espacio en el que existe.
No hay en el universo astros más fascinantes. Su física desconcierta y exhibe algo paradojal: aunque se trata de objetos silentes, fríos y oscuros, los agujeros negros están detrás de los fenómenos cósmicos más tumultuosos, calientes y luminosos.
Su naturaleza extraña nos exige que no posterguemos su definición. De ensayar una definición astrofísica de los agujeros negros, diríamos: Un agujero negro es un astro compacto, formado tras el colapso gravitacional de una estrella lo suficientemente masiva, cuyo campo gravitacional es tan intenso que le impide a la luz y a todo tipo de radiación dejar su superficie. Esta definición, sin embargo, presenta algunos problemas. En primer lugar, cabe preguntarse en qué sentido los agujeros negros son astros. Si bien pueblan el cosmos y, en muchos casos, ocupan lugares similares a los de las estrellas, no podemos decir de ellos que sean objetos estelares en un sentido usual. No son objetos materiales, sino regiones contorsionadas del espacio y el tiempo. En segundo lugar, debemos decir que, aunque muchos agujeros negros tienen masas comparables a la de las estrellas y se han formado tras la muerte de estrellas, también existen agujeros negros supermasivos, de dimensiones colosales y de origen incierto, como el que yace en Sagitario. Esto significa que la definición de arriba necesita ser suplementada con una larga serie de notas de cautela. Intentemos, entonces, una definición más precisa, una que haga uso del lenguaje de la física teórica: Un agujero negro es una solución a las ecuaciones de la teoría de la gravitación de Einstein que describe una geometría espacio-temporal en la que una región compacta del espacio queda causalmente desconectada del exterior futuro, definiendo así un horizonte de eventos. Esta definición es más satisfactoria, pero aún encuentra sus limitaciones. La referencia a la compacidad, el uso de futuro como adjetivo del espacio exterior, y la aparición de términos de apariencia técnica nos convencen de que, para que esta definición funcione, es necesario que previamente se introduzcan varios conceptos. A eso nos dedicaremos en este libro. Pero, antes de comenzar, me interesa poner de relieve lo siguiente: la dificultad que encontramos para dar una definición concisa y a la vez precisa de lo que es un agujero negro pone de manifiesto lo que, según creo, es el problema fundamental de la divulgación científica. Podríamos llamarlo el principio de indeterminación de la popularización de la ciencia, el cual afirma que no es posible ser infinitamente preciso e infinitamente claro simultáneamente. La divulgación científica está siempre en tensión entre esos dos extremos; oscila entre la generosidad de la claridad y la responsabilidad de la precisión, en el sinuoso camino que esquiva la condescendencia y la petulancia. El oficio está en saber cuánto ceder, cuánto enseñar, cuánto ocultar, cuánto fallar. No hay otra forma de contar algo. Este libro es mi intento por contar qué son los agujeros negros.
Gaston Giribet (prefacio).
Arte de tapa e ilustraciones internas: Cristian Turdera
ISBN: 978-987-8374-83-3
Formato cerrado: 14 x 23 cm
Cantidad de páginas: 280
Papel de tapa: Natural Evolution White 320g
Impresión de tapa: digital
Papel de interiores: Ahuesado 80g
Impresión de interiores: digital
Impresión con solapa: No
Encuadernación: PUR